El Dragón de La Elipa cumple 44 años: el icono de Ciudad Lineal que marcó a la generación EGB

El mítico parque infantil de hormigón, restaurado en 2020, sigue siendo el corazón del barrio
El parque infantil 'El Dragón de La Elipa', en el distrito de Ciudad Lineal en imagen de archivo de EP.
El parque infantil 'El Dragón de La Elipa', en el distrito de Ciudad Lineal en imagen de archivo de EP.

Cuarenta y cuatro años después de su creación, el Dragón de La Elipa sigue siendo uno de los grandes símbolos de Ciudad Lineal y una de las estampas más reconocibles de la generación EGB. Construido en 1981 bajo el mandato del alcalde Enrique Tierno Galván, este singular parque infantil se alzó en el número 2 de la calle Maximiliano como un gigantesco dragón verde de hormigón con tobogán en forma de lengua roja.

Lo que nació como un simple parque se convirtió en leyenda. Sus escamas, colmillos y mirada amable conquistaron a los niños del barrio y, con el tiempo, también a los espectadores de toda España cuando apareció en los créditos del mítico programa infantil Barrio Sésamo.

Un icono entre generaciones

Con más de dos metros de altura, el Dragón pronto se transformó en un emblema de la infancia madrileña. Su presencia en televisión y su carácter imaginativo hicieron de él un punto de encuentro, un elemento de identidad vecinal y un símbolo cargado de ternura para quienes hoy superan los 40.

Desde su posición en Ciudad Lineal, el Dragón ha sido testigo de manifestaciones, encuentros y celebraciones, y hasta dio nombre a un conocido centro social del barrio, el desaparecido La Dragona.

Un poco de ‘bótox’ urbano

El paso del tiempo y el vandalismo obligaron a cerrarlo en 2008, cuando dejó de cumplir la normativa de seguridad infantil. Sin embargo, la vecindad se movilizó para evitar su desaparición definitiva y consiguió preservar la escultura original. Tras varios debates y propuestas políticas, el Ayuntamiento de Madrid acometió en 2020 una rehabilitación integral de 156.000 euros, con nueva pintura, suelo de caucho y juegos integrados en la estructura.

El resultado fue un dragón rejuvenecido, más seguro y adaptado a los tiempos, que mantiene intacta su esencia. Hoy, padres e hijos comparten un mismo espacio de juego y memoria, uniendo generaciones bajo la sombra del dragón que vio crecer a todo un barrio.