Conmemorar la Semana Santa a través de la gastronomía: Platos sin carne y tradición

Con recetas sencillas, pero llenas de sabor, los platos típicos de la temporada siguen la normativa de la abstención de carne
Preparación de torrijas. Imagen de archivo.
Preparación de unas torrijas. Imagen de archivo.

Según la tradición cristiana, la Semana Santa conmemora la pasión, muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. A lo largo de los siglos, estas fechas han calado profundamente en la cultura popular. Tanto es así que, más allá de las creencias religiosas, muchas personas participan en las celebraciones, especialmente a través de la gastronomía.

Festivos o no, estos días invitan al recogimiento y también al placer de compartir mesa. Con recetas humildes, con ingredientes sencillos, nacidas del ingenio popular y del aprovechamiento de lo que había en la despensa. Además, responden a una única norma: la ausencia de carne, como manda la tradición cristiana.

Potaje de vigilia

Si hay un plato tradicional en la Semana Santa ese es el potaje de vigilia. La tradición manda que hay que consumirlo el viernes de Cuaresma (aunque se come toda la Semana Santa).

El potaje de Vigilia comienza la noche anterior con el remojo de los garbanzos y el desalado del bacalao con 48 horas de antelación, cambiando el agua cada 5 horas.

Al día siguiente, se cuecen los garbanzos con zanahoria, puerro, ajo y laurel, y luego se retira la verdura. Se prepara un sofrito de cebolla y pimentón que se añade al guiso, junto con espinacas, huevos cocidos y el bacalao, que puede incorporarse en trozos o desmigado. Tras unos minutos de cocción, se ajusta la sal al gusto y el potaje está listo para servir.

Sopas de ajo

Este plato de cuchara tiene un origen humilde vinculado al ayuno y abstinencia propio de la cuaresma. Sin embargo, se ha convertido en una sopa conocida en toda España y que no falta en el invierno en las mesas. 

Paso a paso de la receta

En una cazuela amplia, freímos el pan en aceite hasta que quede dorado y lo reservamos. En la misma cazuela, sofreímos el chorizo desmigado y el jamón picado, y los reservamos.

Luego, laminamos el ajo y lo sofreímos a fuego suave durante 2-3 minutos. Añadimos las carnes y el pimentón, y sofreímos durante 30 segundos antes de incorporar el agua o caldo.

Añadimos el pan frito y cocemos a fuego bajo durante unos 10 minutos, hasta que se hidrate completamente. Rectificamos de sal y terminamos con los dos huevos, cocinando 2 minutos más. Servimos bien caliente.

Torrijas

Para preparar unas torrijas riquísimas, se utiliza pan del día anterior, preferiblemente con mucha miga, cortado en rebanadas gruesas. Se infusiona leche con piel de limón, canela, una vaina de vainilla y un chorrito de anís, y se deja enfriar.

Luego, se empapan las rebanadas de pan en esta leche y se rebozan en huevo batido antes de freírlas en aceite caliente hasta que estén doradas. Una vez escurridas, se pueden espolvorear con azúcar y canela o bañar con un almíbar casero de naranja elaborado con zumo, azúcar, piel de naranja y un toque de licor. Se sirven frías o a temperatura ambiente

Flores (fritas)

Un dulce muy típico, sobre todo en tierras manchegas, son las flores fritas (también se conocen como Flores de Cuaresma). 

Para hacer la masa de las flores fritas, batimos un huevo en un cuenco y lo mezclamos con leche, anís y ralladura de naranja. Añadimos la harina poco a poco, removiendo con un tenedor hasta que no queden grumos. Dejamos reposar la masa tapada durante 20 minutos.

Mientras, calentamos aceite de girasol (o de oliva suave si se prefiere) en una sartén honda, asegurándonos de que el molde de flores también se caliente en el aceite. La masa debe tener la consistencia de una natilla ligera; cuando esté lista, sumergimos el molde en la masa hasta cubrir la mitad del dibujo, lo introducimos en el aceite caliente y sacudimos el molde para que la flor se despegue. Si es necesario, usamos un tenedor para ayudar a soltarla.

Pestiños con miel

Los pestiños son un postre típico de la Semana Santa andaluza. Sin embargo, el paso del tiempo y su sabor ha hecho que se extiendan por todo el país.  

Para preparar los pestiños, pela el limón con un pelador, obteniendo solo la piel coloreada. Calienta aceite de oliva en una sartén y fríe las pieles de limón hasta que se doren. Retira la sartén del fuego, añade las semillas de anís y deja enfriar.

Una vez frío, retira las pieles de limón y agrega el vino y el anís en un cuenco. Incorpora el aceite aromatizado y la harina, y mezcla primero con utensilios y luego amasa con las manos hasta formar una bola. Si la masa está muy húmeda, añade más harina. Cubre con un paño y deja reposar durante 30 minutos.

Espolvorea harina sobre la superficie de trabajo y extiende la masa con un rodillo hasta que tenga 5 mm de grosor. Corta porciones cuadradas y pliega los bordes formando pañuelos.

Calienta aceite de girasol en una sartén grande y fríe los pestiños por tandas hasta que se doren y suban a la superficie. Escurre sobre papel absorbente.

Calienta la miel con una cucharada de agua hasta diluirla. Sumerge los pestiños fritos en la miel con un tenedor, escúrrelos y colócalos sobre papel sulfurizado. Sirve en una fuente y vierte la miel restante por encima.