Una tragicomedia sobre duelo, memoria y vínculos familiares llega a Nave 10 Matadero

Duelo, memoria y renacer familiar en la nueva propuesta teatral de Nave 10 Matadero

Elenco de 'Tres días en Ítaca'. Imagen de @geraldineleloutre, cedida por Matadero.
Elenco de 'Tres días en Ítaca'. Imagen de @geraldineleloutre, cedida por Matadero.

La Nave 10 Matadero, espacio de dramaturgia contemporánea del Área de Cultura, Turismo y Deporte de Madrid, acogerá a partir del 6 de febrero de 2026 el estreno de ‘Tres noches en Ítaca’, la nueva obra del dramaturgo Alberto Conejero. La producción podrá verse en la sala Max Aub hasta el 8 de marzo, con funciones de martes a domingos.

La obra, dirigida por María Goiricelaya, es una tragicomedia que combina la risa inesperada con el duelo y reflexiona sobre la memoria, la posibilidad de renacer y los complejos vínculos familiares. Las tres hermanas protagonistas estarán interpretadas por Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde.

Las entradas ya están a la venta, con precios que oscilan entre los 15,75 y 21€. Además, la obra está incluida en JOBO.

Una historia sobre familia, ausencia y reconciliación

La trama parte del reencuentro de las tres hermanas en la isla de Ítaca tras la muerte de su madre, Alicia, profesora de griego clásico que decidió abandonar su vida anterior y establecerse en la isla. Lo que comienza como un encuentro marcado por la ausencia, se transforma en un espacio para revisar el pasado y nombrar aquello que no se dijo.

Tres noches en Ítaca explora la familia como un organismo complejo, contradictorio e imperfecto, donde el amor convive con el reproche y el cuidado adopta formas diversas. Las protagonistas se enfrentan a la necesidad de reformular su constelación familiar, vivir el duelo y reconciliarse con lo que las constituye, atravesando un proceso de renacer marcado por el perdón y el autoconocimiento.

Memoria, duelo y lo cotidiano en la propuesta de Conejero

El dramaturgo Alberto Conejero construye un texto marcado por la memoria, el duelo y la cotidianidad. Para él, Ítaca no es un lugar físico, sino un gesto de detenerse y escuchar el silencio, un espacio para nombrar lo que permanece callado y reconocer las cicatrices del pasado.

Por su parte, la directora María Goiricelaya subraya que la obra propone una mirada hacia quienes nos precedieron e invita a reconocer a los padres como personas con deseos, contradicciones y sueños propios, ofreciendo al público un enfoque íntimo y reflexivo sobre las relaciones familiares.