El Prado expone por primera vez su archivo fotográfico y revela cómo la fotografía cambió la historia del museo
El Museo Nacional del Prado dedica por primera vez una exposición a la fotografía, una disciplina que el director de la pinacoteca, Miguel Falomir, define como “un puente entre el museo y la sociedad”.
Bajo el título El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida, la muestra puede visitarse hasta el 5 de abril en la sala 60 y reúne 44 imágenes seleccionadas de un fondo de más de 10.000 fotografías conservadas por la institución.
La exposición pone en valor la importancia que la fotografía ha adquirido tanto en el ámbito museístico como en la sociedad contemporánea.
Comisariada por Beatriz Sánchez, miembro de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografías, la muestra refleja cómo esta técnica contribuyó a difundir las obras del Prado desde el siglo XIX y a transformar la relación del público con el arte.
Del traslado de obras al exterior a la postal como fenómeno de masas
El recorrido incluye copias a la albúmina, al carbón o a la gelatina, además de tarjetas de visita, imágenes estereoscópicas y postales. A través de ellas se observa la evolución técnica y los distintos usos de la fotografía aplicada al arte entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Las imágenes permiten redescubrir espacios como la Galería Central, la sala de Murillo o la galería de escultura, y muestran aspectos hoy desaparecidos: la antigua disposición de las obras, el mobiliario, los sistemas de calefacción o la presencia ocasional de visitantes en salas que, en los inicios de la fotografía, solían aparecer vacías.
El proceso de fotografiado comenzó hacia 1860, cuando las limitaciones técnicas obligaban a trasladar muchas piezas al exterior para aprovechar la luz natural. Posteriormente, los negativos se reproducían en formatos estandarizados que facilitaban su comercialización, lo que impulsó la circulación de imágenes del Prado entre el público general, especialistas y coleccionistas.
Fotógrafos y casas históricas como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson o Hanfstaengl fueron fundamentales en esa difusión, retratando obras como La rendición de Breda, de Velázquez. En 1899, coincidiendo con el centenario del pintor sevillano, el Prado expuso por primera vez fotografías en sus salas. Ya en el siglo XX, la postal permitió que las obras “salieran” simbólicamente del museo para integrarse en colecciones particulares y en el ámbito educativo, facilitando la enseñanza de la historia del arte.
La muestra forma parte del programa Almacén abierto, activo desde 2009, que permite exhibir en pequeño formato piezas del siglo XIX que no suelen formar parte del recorrido habitual por razones de espacio o conservación.
