'El coloso' de Goya viaje desde el Prado hasta el Museo de Arte de Nagasaki para una exposición conmemorativa
El Museo del Prado se une a la celebración del 20 aniversario del Museo de Arte de la Prefectura de Nagasaki cediendo en préstamo dos obras de su colección -El coloso y Pavo muerto- para la exposición De Goya a Picasso: la guerra a través de sus ojos que, a partir del mes de julio, también conmemorará el 80 aniversario del bombardeo de la ciudad. Goya y Picasso serán los protagonistas de esta exposición que gira en torno a la colección de la serie Desastres de la Guerra de Goya que conserva el museo nipón para trasladarnos la mirada de los artistas sobre temas como la violencia, la locura, el sacrificio de inocentes o el hambre, lo que el maestro aragonés describe como la esencia de la guerra.
A la presentación ha asistido la Directora del Museo de Arte de la Prefactura de Nagasaki, Satako Kosaka, y el Director del Museo Nacional del Prado, Miguel Falomir. En su recorrido han visitado todas las salas del Museo del Prado dedicadas a Goya
El coloso de Goya
Sobre un valle por el que se dispersa una multitud aterrorizada, se yergue un gigante de aspecto feroz, lo que a veces ha sido interpretado como referencia a la Guerra de la Independencia. Aunque catalogada hasta fechas recientes como original de Goya, y con frecuencia considerada una de sus obras más singulares, esta pintura ha suscitado en los últimos años un intenso debate crítico. En el mismo, que no ha concluido, han participado los más importantes especialistas sobre el pintor, que discrepan entre sí acerca de su autoría. El fecundo uso que hizo Goya de este tipo de temas, la originalidad de su planteamiento narrativo, los altos valores estéticos que muchos reconocen en él o la presencia de una pintura de tema similar en el inventario de los bienes que tenía el artista en 1812 son datos que sitúan este cuadro en su órbita más cercana.
Pavo muerto de Goya
Esta pintura formaba parte de una serie de doce bodegones que figuró en 1812 entre los bienes de Goya. El artista había incluido desde joven espléndidos detalles de naturaleza muerta en sus lienzos, pero no existen referencias a otros bodegones independientes de su mano. Los cuerpos de los animales de la serie carecen del aura tradicional de trofeo de caza y parece como si permaneciesen en el umbral que separa la vida y la muerte. Aquí, en la misma superficie sobre la que reposa el pavo, con su llamativo moco rojo levantado, Goya trazó su firma.
