Ecologistas en Acción propone construir refugios climáticos en patios de colegios
Ecologistas en Acción ha presentado un paquete de medidas ejecutables por el Ayuntamiento para reducir el efecto de isla de calor en la ciudad de Madrid como poner en marcha refugios climáticos en los patios escolares o evitando las talas abusivas.
La isla de calor es un fenómeno térmico que se manifiesta en las zonas urbanas y que tiene como consecuencia que las temperaturas sean más elevadas, hasta 10 grados, que en los entornos no urbanos colindantes. Está causada principalmente por el transporte, los equipos de climatización, el asfalto, el cemento, los tonos oscuros empleados en construcciones o la escasez de zonas verdes, ha enumerado Ecologistas en Acción en un comunicado.
La entidad ecologistas llama a impulsar una red de refugios climáticos en jardines, patios y espacios libres de edificación de propiedad municipal, como por ejemplo en los «infrautilizados» patios de colegios públicos. «En estos lugares se acogería temporalmente a ciudadanos y familias sin capacidad de refrigeración en sus hogares para evitar los peores efectos sobre su salud», han explicado.
También llaman a mejorar la conservación del arbolado urbano con riego sistemático, control de podas innecesarias y/o extemporáneas, evitando las talas abusivas, mejorardo la formación del personal que efectúa las labores de jardinería, con programas para la divulgación de los efectos ecosistémicos que los árboles maduros ofrecen frente al control de la contaminación o la reducción de la insolación o reducción de las temperaturas máximas gracias a la evapotranspiración de las hojas.
Otra medida es la renaturalización del espacio público. «Es prioritario restaurar ambientalmente los ecosistemas artificializados dejando que los procesos ecológicos recuperen su curso», han expuesto. Así, los espacios vacíos o sin mantenimiento ya existentes, como azoteas, solares, descampados, deben ser intervenidos para mejorar sus funciones ecosistémicas.
No al modelo de plazas duras
Unido a que plazas y calles deben ser transformados en lugares que combinen su funcionalidad como áreas de tránsito y estanciales con estrategias de fomento de la biodiversidad urbana, abandonando el modelo de plazas duras y priorizando la presencia de áreas naturalizadas.
Los parques también deben mejorar su potencial como herramienta frente al efecto isla de calor reduciendo las praderas descubiertas de césped, que además tienen una alta demanda hídrica, para permitir praderas naturales, retrasando su siega e incorporando una alta densidad de vegetación y una estructura compleja que combine herbáceas, arbustivas y arbolado.
Ecologistas en Acción demanda la revisión del protocolo de cierre de parques históricos porque «el abuso del cierre de los parques históricos en Madrid priva a los ciudadanos de la búsqueda de alivio térmico». «El Gobierno municipal debe modificar cuanto antes el protocolo en que se basan para activar esos cierres o bien flexibilizándose o adecuándose a las características específicas de cada parque», han planteado. El Gobierno municipal ya está estudiando un contrato para abordar esta cuestión.
No es la solución definitiva
Ecologistas en Acción Madrid destaca que estas medidas son indispensables para hacer frente a las crisis climática y de pérdida de biodiversidad pero que no son la solución definitiva para paliar el problema.
«Deben estar acompañadas de una transformación integral del modelo de ciudad que vaya de la mano de una movilidad no contaminante, una reducción radical de las emisiones de gases de efecto invernadero y una intervención sistemática en el parque inmobiliario para garantizar la eficiencia energética», han apuntado.
Consecuencias de la isla de calor
La repercusiones de la isla de calor no se limitan a la disminución del confort en el día a día de los habitantes de las ciudades sino que implican «un deterioro grave de la salud de la ciudadanía, especialmente en niños, ancianos y enfermos en lo relativo a problemas respiratorios y circulatorios, cansancio, deshidrataciones, mareos».
Tampoco han obviado «un aumento de la mortalidad un crecimiento del consumo energético que provoca el funcionamiento de los equipos de climatización para minimizar el incremento de temperaturas y consecuentemente un empeoramiento de la contaminación atmosférica, además de un aumento del gasto económico por la mayor demanda de electricidad y por los efectos del calentamiento climático asociado».