El cambio climático aumenta la brecha de desigualdad y la vuelve mortal con casi 500 fallecidos en Madrid
Es necesario ver cómo ayudar a esos colectivos más vulnerables y adecuar las viviendas, los centros de mayores, los colegios…
Desde el pasado 29 de octubre el cambio climático se ha vuelto aún más evidente en España. La DANA que arrasó Valencia se ha tornado en uno de los desastres naturales más mortíferos de la historia reciente del país. Este hecho ha reabierto un debate que parecía ya cerrado: El cambio climático ha llegado para quedarse y desde hace ya tiempo padecemos sus primeras consecuencias. Por ello, en esta Semana de la Ciencia es importante darle un espacio al cambio climático y buscar soluciones y cómo paliar sus efectos.
Los diversos estudios científicos apuntan a que esto no ha hecho más que empezar. Es el caso, por ejemplo, del estudio publicado por la NASA en el año 2022 Too Hot to Handle: How Climate Change May Make Some Places Too Hot to Live. En él, se hace un repaso breve de cómo afecta a la humanidad en general y a las personas en concreto el aumento general de las temperaturas.
Según el estudio, hay evidencias más que suficientes para afirmar que “a medida que el clima de la Tierra se calienta, las olas de calor se vuelven más frecuentes y severas”. Además, y con ello, el equipo de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, pone el foco directamente en el riesgo que esto implica para la salud: "Los peligros para la salud que conlleva el calor extremo preocupan cada vez más a los científicos y a los expertos médicos”.
Riesgos directos del cambio climático para la salud
El aumento de las temperaturas se traduce de manera directa en muertes en España, y cada año se registran más. Esto se da, según la responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace, Elvira Jiménez, porque “en las zonas de mucha humedad existe un mayor riesgo ya que no tenemos nuestros propios mecanismos de refrigeración, no son suficientes. Entramos en un umbral de riesgo para nuestra salud que puede traducirse en muertes por golpes de calor”. Además, el cambio climático hace que las temperaturas sigan subiendo y se mantengan durante largos periodos de tiempo en cifras elevadas, lo que hace que las conocidas olas de calor sean ahora más duraderas.
Según el observatorio panel MoMo del Instituto de Salud Carlos III, 459 personas perdieron la vida entre julio y agosto de este año en la Comunidad de Madrid por muertes atribuibles a las temperaturas.
Además, según ha explicado la experta a este medio, este problema se va a seguir agravando. “Las cifras de muertes atribuidas al calor siguen subiendo. Las olas de calor matan mucho pero se ven menos que desastres como el de la DANA porque las muertes no están tan agrupadas en el tiempo. En el caso de las muertes por golpes de calor, muchas veces lo que sucede es que se agravan las patologías previas de las personas”.
Para Jiménez, la solución pasa inevitable por tomar cartas sobre el asunto. Para la experta, aunque sea un proceso largo, las medidas deben empezar ya para revertir al máximo los efectos del cambio climático. “Es algo que, desde luego, se debe tener en cuenta para corto y medio plazo, aunque algunas lleven más tiempo de implantación”.
Cómo podemos actuar
Todos los expertos consultados apuntan al mismo objetivo: frenar la causa principal, el cambio climático. Aunque tiene máxima prioridad frenar las muertes por calor, si no se frena la causa directa las consecuencias pueden seguir su cauce. Por ello, la ciencia y la política deben aunar sus esfuerzos creando políticas globales para paliar el avance del cambio climático.
Jorge Olcina, catedrático de Geografía de la Universidad de Alicante, afirma a este medio que frenar el cambio climático no es posible a corto plazo. "Estamos batiendo récords de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto causa un calentamiento de las temperaturas que no conseguimos frenar". Además, apunta a un factor que empeora la situación: la política internacional. "Se suceden las COP sin acuerdos, no hay capacidad de sanción para los países que no cumplen los acuerdos internacionales", señala el también director del Laboratorio de Climatología de dicha Universidad.
Sin embargo, ante lo que hay ahora también se puede reaccionar. Para María García de la Fuente, presidenta de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental), la solución pasa por el urbanismo. Se deben “transformar las ciudades para que no sean auténticos hornos”. Además, según explica a madrid24horas, tiene que “darse en todos los barrios”.
Para García de la Fuente, no es suficiente con crear zonas verdes concretas como la Casa de Campo o El Retiro, se necesitan soluciones en los barrios residenciales ya que “es ahí donde vive la gente y se debe crear un espacio donde se pueda tener una calidad de vida digna para toda la población”.
Estas soluciones tienen, para ambas mujeres, el color verde como protagonista. La vegetación forma un papel esencial tanto para paliar los efectos del cambio climático como para la mejora de la salud mental, la limpieza del aire, la regulación de las temperaturas… Para ello, Jiménez apunta que urge que “las autoridades hagan mapas de riesgo y prioricen estas medidas de carácter social y urbano sobre estos espacios.”
La responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace, hace hincapié en que “las olas de calor es uno de los fenómenos que más fácilmente se puede atribuir al cambio climático”. Para ella, hay que frenar cuanto antes la intensidad de las olas de calor y focalizar la atención en que no a todas las personas les afecta de igual modo.
Desigualdades sociales
El cambio climático afecta a todas las personas. Sin embargo, hay muchas condiciones que lo agravan y por ello estos colectivos son más vulnerables. “Hay que crear mecanismos de adaptación sobre todo a la población más vulnerable”, afirma Jiménez. Apunta directamente a una posible medida: “crear unos mapas de calor en las ciudades: conocer dónde está la población más vulnerable, dónde se acumulan las islas de calor… y teniendo esos datos, actuar”. Es decir, para la experta, es necesario ver cómo ayudar a esos colectivos más vulnerables y adecuar las viviendas, los centros de mayores, los colegios…
García de la Fuente subraya que “no partimos todos de las mismas condiciones”. Y dictamina que el problema es también un problema de clases sociales. “Aquellos que tienen un coche y una casa con aire acondicionado y van a una oficina a trabajar no les afectan igual las olas de calor”, afirma.
¿Estamos a tiempo?
Ante la pregunta ¿estamos a tiempo? La respuesta muestra ápices de positividad. Estamos a tiempo, según las expertas, de paliar los efectos de las olas de calor con inversión en zonas verdes y en reacondicionar las calles y los barrios. Según apunta la presidenta de APIA, “nos cuesta mucho más construir una ciudad de nuevo que mejorar la que tenemos. Madrid tiene unos jardineros maravillosos que llevan años en viveros de la Comunidad conociendo cómo adaptarse al cambio climático”.
Para ella, se puede empezar ya a crear zonas verdes en cada uno de los barrios. Ya que, lo contrario demuestra que “las calles se vuelven hornos”. “Se han hecho mediciones en las calzadas en las que no da la sombra y es un infierno intransitable. Como la Puerta del Sol”, sentencia María García de la Fuente. También el urbanismo verde urge a Olcina, para quien el siguiente paso es "la adaptación. "Como vemos que a nivel planetario no hay solución a corto plazo, debemos adaptar nuestra economía, nuestra planificación territorial urbana, organizar los recursos como el agua, y mejorar la gestión de las emergencias: cambiar protocolos de actuación", afirma el catedrático.
Carlos Manuel Valdés, doctor en Geografía y Profesor Titular de Análisis Geográfico Regional en la Universidad Carlos III de Madrid, señala a este medio que "tendremos que adaptarnos". Para él, predicciones lejanas como a 2050 no tienen mucho sentido. El doctor apunta a que todo dependerá de cómo de hábiles seamos como sociedad en adaptarnos. Además, se muestra positivo ya que afirma que “demostraciones de adaptación ha habido muchas”.
También Jorge Olcina comparte la misma visión, para él, sentencias como "estas son las zonas de España que estarán inundadas" o "Madrid será inhabitable en 2050" no ayudan al mejorar el problema. Estos mensajes extremos hacen, según relata Olcina, que pensemos que "ya no podemos hacer nada". Desde su punto de vista, "no debemos abusar del mensaje catastrófico y extremo. Aunque sí que estamos ante un problema muy urgente".