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Melodías de Beethoven, Brahms y Bruckner sonarán en el XXXII Ciclo Sinfónico de la UPM

Ciclo Sinfónico UPM

La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) presenta su 32º Ciclo Sinfónico, donde se podrá disfrutar de melodías de Beethoven, Brahms y Bruckner, entre otros, ha informado la propia Universidad en un comunicado.

Abrirá la temporada el 8 de octubre la Orquesta de la Región de Murcia, bajo la dirección de Virginia Martínez. Sonará ‘El Moldava’, de Smetana y el Concierto para violonchelo en si menor, op. 104 y la Sinfonía nº 9 ‘Del nuevo mundo’, de Dvorák. Contará con la violonchelista Beatriz Blanco, de solista.

El 12 de noviembre será el turno de un ‘Duelo Romántico entre Brahms y Bruckner’. La Orquesta Filarmónica de España, junto al Coro de la UPM, y la dirección de Javier Corcuera, ofrecerán la Obertura Trágica. Op 81 y la Sinfonía nº3 en fa mayor, op. 90, de Brahms, y el Te Deum, de Bruckner. Les acompañarán la soprano Sonia Suárez, la mezzosoprano Olga Syniakova, el tenor Miguel Borrallo y el bajo Luciano Miotto.

El concierto de Navidad llegará el 22 de noviembre con el Coro de la UPM y Orquesta por confirmar. Bajo la dirección de Javier Corcuera ofrecerán el Magnificat, de Rutter.

El 24 de marzo ofrecerán el Concierto de Semana Santa, con la Orquesta Juventudes Musicales de León, el Coro de la UPM y el Coro Ángel Barja, con Javier Corcuera de director musical y Aitor Olivares bajo la dirección del coro. En el programa, ‘Lux aeterna’, de Morten Laundsen y Sunrise Mass, de Ola Gjeilo.

El 29 de abril, la Orquesta Filarmónica de España, junto al coro de la UPM interpretarán la Sinfonía nº2, de Mahler. Alejandro Cantalapiedra dirigirá a la Orquesta, mientras que Javier Corcuera se pondrá al frente del coro. La soprano Natalia Labourdette y la mezzosoprano Sandra Fernández, serán las cantantes invitadas.

La programación se completa con un concierto fuera de abono dirigido a un público familiar y juvenil. Será el 4 de junio con la Orquesta Camerata Musicales con Edgar Martín a la batuta y la Sinfonía nº6, Pastoral, de Beethoven.

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Los Backstreet Boys demuestran en Madrid que las ‘boy bands’ son para siempre

Backstreet Boys WiZink Center

El fenómeno fan por los Backstreet Boys sigue vivo. Y es que el grupo estadounidense ha demostrado este martes, 4 de octubre, en un WiZink Center de Madrid con unas 15.700 personas que las ‘boy bands’ pueden ser para siempre, o al menos seguir seduciendo incluso al haber pasado tres décadas.

En la segunda mitad de los 90 y hasta principios de los 2000, Backstreet Boys eran el sueño de cualquier adolescente, entre ellas muchas de las que hoy, con más años, han llenado el antiguo Palacio de los Deportes para arropar a sus ídolos que acaban de aterrizar con su gira DNA en Europa. Y es que, a punto de celebrar su 30 cumpleaños en 2023, la banda sigue pisando fuerte: llenando estadios, con tour mundial en marcha y un nuevo álbum navideño preparado –que se publica el 14 de octubre–.

Tras horas de cola desde la mañana de este martes para situarse en las primeras filas, las fans, la mayoría mujeres, aunque también hay hombres, esperan con ansia que A. J. McLean, Howie Dorough, Brian Littrell, Nick Carter y Kevin Richardson, todos nacidos en los 70, asalten el escenario, como tantas veces soñaron ver en su adolescencia.

Con diferencias, pues los años no pasan en vano, los cinco protagonistas toman por fin las tablas sobre las 21.00 horas, bastante puntuales, a ritmo de ‘Everyone’. Van vestidos de negro y, con sus coreografías demuestran que aún pueden seducir. Quizá no haría falta que se esfuercen demasiado, pues el público parece extasiado con su simple presencia.

Después suenan ‘I wanna be with you’ y ‘Don’t want you back’, entre otras, con la ‘boy band’ en formación, como se mantienen en la mayor parte de un concierto en el que también se dejan llevar por momentos, especialmente a base de picardía. Saben que gustan, y les encanta, especialmente a Brian Littrell que, precisamente, toma la palabra.

«Buenos días», dice en un intento de hablar español, para preguntar a los asistentes si es el primer concierto de la ‘boy band’ al que asisten. El griterío es ensordecedor. Él sonríe en la punta de la pasarela mientras observa carteles con su nombre u otros en los que se lee ‘We love Backstreet Boys’.

Así, introduce ‘Nobody Else’, en la que los cinco integrantes de la banda, un conjunto comercial que compartió época y guerra de fans con NSYNC, se esfuerzan por cautivar, flechar, hipnotizar con bailes sexys. El público enloquece. Lo consiguen.

Siguen con su característico pop, con ‘New Love’, para dar paso a ‘Get Down’ que ya solo en sus primeras notas levanta un griterío que parece mayor incluso que los que despertó el fenómeno Harry Styles en su paso en julio por la capital. Y no solo esa euforia comparte el británico con los estadounidenses, pues él también formó parte de una ‘boy band’ de éxito mundial, One Direction. Pero aquella murió y Backstreet Boys celebra su longevidad.

«VIVA ESPAÑA»

Tras este hit, Howie Dorough toma el micrófono y pide al público que se aplauda, mientras aprovecha para presentar ‘Chateau’, a gritos de «viva España», mientras unas pantallas gigantes que cuelgan del techo, sobre la pasarela circular, descienden, al igual que el cantante, que se adentra bajo las tablas a través de un elevador. El grupo ha venido con todo.

Con todo, es también con cambio de vestuario: vaqueros, bombers o americanas. Todo estilo casual. Y así continúan con ‘Show Me the Meaning of Being Lonely’, tremendamente coreada y aplaudida, mientras ellos desprenden carisma en sus bailes, guiños de ojos y sonrisas, todo lo que quiere el público.

‘Incomplete’, ‘Undone’ o ‘More Than That’, suenan también en una noche de canciones de amor, pasión o seducción, y también de bailes perfectamente preparados, los que tanto les caracterizaron como ‘boy band’ en los 90. Aunque ya no son los mismos, se esfuerzan por mantener aquella esencia. Lo hacen, a pesar de la edad. Y es obvio que el público ayuda.

El fenómeno fan no ha muerto, se nota en los carteles, camisetas, banderas con las caras de los protagonistas estampadas y cartas que las fans portan e intentan entregar a sus ídolos. Al menos una puede decir que lo ha conseguido, Kevin Richardson coge su carta. «Backstreet, back», hace gritar al público Nick Carter posteriormente, en un aluvión de aplausos y gritos de «te quiero». Aprovecha para decir «te amo, te quiero mucho, you are my fuego, my desire».

La seducción de estos rompecorazones de los 90 es esencial en el espectáculo, pero, obviamente, también las canciones, entre las que suenan ‘The Way It Was’ y ‘Chances’, de su último álbum, ‘DNA’, para seguir con ‘Shape of My Heart’, en la que el público saca globos en forma de corazón de color amarillo.

Con un estadio ya desatado, acaba también ‘Drowning’, para dar paso a la intervención de AJ McLean y Richardson, porque esta noche cada uno de los ‘backstreet’ tiene su momento para hablar al público. Entre agradecimientos, aprovechan y firman autógrafos de las primeras filas, filas que junto al resto cantan un cumpleaños feliz improvisado a Richardson. Sopla 51 velas.

TESTOSTERONA SOBRE EL ESCENARIO

La fiesta continúa, después de que ambos se cambien y tiren sus calzoncillos al público, a ritmo de ‘Quit Playing Games (With My Heart)’ y ‘As Long as You Love’, así como ‘No Place’, tras la que continúa la seducción en el escenario con el mismo Howie Dorough lamentando tanta «testosterona».

Las linternas se encienden para un emotivo momento con ‘Don’t Wanna Lose You Now’, la versión en ‘spanglish’ de ‘I’ll Never Break Your Heart’ y ‘All I have to give’, que los cinco cantan en lo alto, elevados por una plataforma que deja debajo las pantallas centrales en las que de forma previa se han mostrado imágenes de sus tiempos jóvenes.

El final de la noche se acerca cuando la banda se retira unos minutos para volver a aparecer, ahora vestidos de blanco, con su éxito de éxitos, ‘Everybody’, un espectáculo por sus coreografías, coordinación, energía y la fiesta que desatan en el WiZink Center. Este tema da inicio a unos minutos de marcha que completan ‘We’ve Got It Goin’, ‘It’s Gotta Be You’ y ‘That’s the Way I Like It’, entre otras como ‘The One’,

‘I Want It That Way’ llega entonces para marcar la noche. Si todas las canciones han sido tremendamente aplaudidas, esta supone el punto más álgido del espectáculo, con el público muy entregado. ¿Y dime por qué? Quizá porque es un éxito que pervive hoy.

Tras un intento de los estadounidenses de despedirse, vuelven a salir con ‘Don’t Go Breaking My Heart’ y ‘Larger Than Life’, dos canciones acompañadas de sus característicos bailes que ponen el punto y final a dos horas de concierto, con un repaso de más de 30 canciones. Una explosión de serpentina azul y blanca anuncia el final total y los Backstreet Boys se marcha entre grandes aplausos, cansados y recibiendo besos lanzados al aire por las asistentes.

Después de este paso por Madrid, y antes Lisboa –el 3 de octubre–, la ‘boy band’ por excelencia actuará el 6 de octubre en el Palau Sant Jordi de Barcelona, en una parada más de su DNA World Tour.

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La obra ‘Muñecas de piel’ abordará en los Teatros del Canal el caso de explotación sexual ‘Operación Océano’ de Uruguay

Muñecas de piel en Teatros del Canal

La obra ‘Muñecas de piel’, de la dramaturga y directora Marianella Morena, abordará en los Teatros del Canal la explotación sexual en Uruguay a través de un caso real «de enorme dimensión mediática» en la sociedad uruguaya, fue destapado en 2019.

El 20 de marzo de 2020 hallaron muerta a una joven de 17 años en un arroyo de una región del sur de Uruguay. Al encontrarse su móvil, se descubrieron chats eróticos de adultos con ella y otras adolescentes. A raíz de las investigaciones policiales, 32 personas fueron imputadas, entre ellas un exjuez de menores, abogados, arquitectos y docentes.

Al caso se le conoció como ‘Operación Océano’, lo ha convertido la dramaturga y directora uruguaya Marianella Morena en la obra teatral Muñecas de piel, que Colectivo La Morena presenta en la Sala Verde de Teatros del Canal el viernes y sábado.

«No podía alejarlo de mi pensamiento», ha señalado Morena, que se puso a investigar y empezó a escribir, primero un texto poético, sin conocimiento previo de la joven ni de sus circunstancias. Cuando leyó el diario íntimo de la fallecida, el impacto fue enorme.

Pero el montaje teatral iba a encontrar obstáculos hasta que se estrenó. Primero, la familia recurrió a los tribunales porque no quería que el nombre de su hija apareciera en la obra, tal y como había decidido su autora.

En escena, tres personajes resumen a aquellos que se vieron implicados en el caso: un hombre (el abusador), una mujer (la víctima) y otra mujer (la fiscal). La obra se desarrolla en apenas una hora en un escenario en el que sobresalen dos tanques de agua (elemento en el que se encontró a la joven adolescente) que suministran el líquido a una bañera, donde literalmente se sumergen los personajes.

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