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‘Las noches malas de Amir Shriyan’ cuestiona la burocracia occidental en relación con la inmigración

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MADRID.-'Las noches malas de Amir Shriyan' cuestiona "lugares comunes" y rompe prejuicios desde este miércoles en Teatros Canal

Albert Tola cuestiona «lo absurdo del sistema» a través de un refugiado por su identidad sexual: «No hay pureza en ninguna parte»

La obra podrá verse en Teatros del Canal a partir de este miércoles 27 de marzo

Cómo la identidad de una persona puede verse condicionada por el sistema mientras se extrae la conclusión de que «no hay pureza en ninguna parte» es el hilo sobre el que se teje ‘Las noches malas de Amir Shriyan’, obra escrita por el dramaturgo catalán Albert Tola que llega este miércoles a Teatros del Canal para cuestionar «lugares comunes» y «romper prejuicios».

Así lo ha sostenido su creador en una entrevista en la que reconoce que la historia que el director Carlos Rodríguez pone en escena se inspira en una historia real que evidencia la «ironía» de la burocracia que puede derivar en un «infierno» para las personas y «lo absurdo del sistema».

En ‘Las noches malas de Amir Shriyan’ se abordan las normas restrictivas de acogida que se imponen a quienes llegan a las fronteras europeas a través de la historia de un joven que pide asilo político alegando que es un perseguido en su país de origen a causa de su homosexualidad.

La obra, alumbrada bajo el sello Creación Canal de la mano de las compañías Nigredo y Teatro del Astillero con la coproducción Teatros del Canal, se representará del 27 de marzo al 14 de abril en la Sala Negra.

El origen de Amir Shriyan

El creador de la pieza –en la que ha contado con la colaboración dramatúrgica del propio Carlos Rodríguez y de Rodrigo García Olza (quien actúa también en la misma)– explica que hace años un amigo activista LGTBI le contó la historia de un refugiado iraní que tras conseguir el asilo por su identidad sexual, reconoció su heterosexualidad, planteándose la situación de que «si era hetero lo echaban de Europa, pero si era gay y volvía a Irán lo esperaría la pena de muerte».

Así, la política de cada lugar pasaba a condicionar la identidad de esta persona, abocándola a un «callejón sin salida» desde el punto de vista dramático «muy estimulante» que le llevó a escribir la obra y construir el persona de Amir Shriyan.

Siete años de trabajo previo

Un montaje pergeñado a fuego lento durante siete años en el que Tola ha plasmado experiencias personales o anécdotas vividas como espectador, lo que se recoge en alguna de las escenas que se suceden a lo largo de los 90 minutos de duración de la obra, como él mismo reconoce.

Su pasión por la literatura sufí, persa y musulmana en general, especialmente todo lo relacionado con la mística islámica, es otro de los pilares del texto de ‘Las noces malas de Amir Shriyan’, donde intenta crear «un puente que rompa las burbujas entre Europa y Medio Oriente y el Magreb».

Se trata de una obra de teatro en la que «nada es lo que parece» y de la que emana una «crítica muy fuerte» a «los sistemas biopolíticos de la sociedad de consumo y la mercantilización y degradación de los vínculos».

Así, en esta propuesta escénica se contrapone las luces y sombras de la sociedad a uno y otro lado, como la persecución de la homosexualidad en países como Irán o las «perversiones sistémicas» entre la aparente libertad de occidente, hasta el punto de que «las cárceles de una orilla pueden ser libertad en la otra y al revés», explica el dramaturgo.

De esta forma, sostiene Tola, «se rompen muchos prejuicios» sobre el escenario y se «cuestionan estos lugares comunes», dibujando un situación en la que las mentiras del protagonista lleguen a hacer al espectador dudar de todo lo que ocurre en escena.

Aunque admite que «ha sido difícil» lograr poner en marcha la obra, al fin han conseguido estrenarla y, tras una temporada completa en Barcelona, girar con ella y recalar ahora en Teatros del Canal.

Un alegato «contra la obsesión de encasillar definiciones»

Albert Tola, quien defiende su obra como un «alegato contra la obsesión por encasillar en definiciones» a las personas, subraya la «fragilidad» que comparte con el personaje que creado, lo que ha hecho «más fácil ponerle a hablar».

«Me siento un poco de ninguna parte. Siempre me ha fascinado mucho el mundo árabe y oriente. Estudié en una escuela alemana, soy medio catalán y medio castellano. Detesto los nacionalismos de cualquier lado, la base de la cultura es la mezcla», explica el dramaturgo, quien opina que «eso es lo que subyace en el espíritu de Amyr».

Así, juega con la ambigüedad de la condición de su personaje, a quien, si miente sobre ello, le espera la expulsión de Europa y la cárcel o la muerte en su país de origen. A partir de ahí, indaga en la condición vital del protagonista, interpretado por el actor español de origen hondureño y palestino Tomás Rodado, el cual está acompañado en escena por Esther Berzal, Rodrigo García Olza y Carlos Lorenzo.

Sobre Rodado, Tola señala que se trata de un «grandísimo actor» que afronta un «papel muy difícil» que además es representante de una «mezcla identitaria tanto física como espiritual» que coincide con el tema que aborda la obra.

Una hora y media de montaje que incluye desnudos integrales y que al finalizar sus funciones del 27 de marzo y dos de abril –coincidiendo la primera con el Día Mundial del Teatro– celebrarán sendos encuentros con el público.

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