Lun 15 abril 2024
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Cultura | Madrid

‘Todas las hijas’ o una quedada con amigas en donde se llora, se ríe y te desahogas

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Una de las escenas de la obra 'Todas las hijas', en el Fernán Gómez

Hasta el 31 de marzo se puede ver en el teatro Fernán Gómez la obra de Todas las Hijas, bajo la dirección de Andrés Lima y de idea originals e Gemma Martínez

«Somos hijas de Bernarda Alba, somos nietas de Bernarda Alba, nacidas y criadas en el miedo”

Bajo esa premisa comienza la aventura y montaje de cinco amigas -y también actrices- que embaucan, durante hora y cuarto, a todo aquel que acuda, hasta el 31 de marzo, al Fernán Gómez.  

Estas actrices, junto con Andrés Lima -el director- consiguen, entre las cuatro paredes que hay en el escenario, trasladar al público a sus vivencias, sus experiencias y también nos llevan de la mano por la magia del teatro con el que alcanzan reflejar la realidad de cualquier mujer.

Dentro de una charla con estas cinco actrices, como si fuese una más. Como si estuviera “arreglando el mundo” con mis amigas debatimos sobre la violencia que tenemos que sufrir por el simple hecho de ser mujeres. 

Autoficción que habla de nuestros miedos

Gemma Martínez, la responsable del proyecto, informa a Madrid 24 horas que esta obra surge de una “desazón a una edad concreta” que intenta reflejar una autoficción en la que se habla de “nuestros miedos intrínsecamente femeninos”. 

La obra de Lorca juega un papel importante como punto de partida a unas inquietudes que se pueden ver reflejadas en cualquier mujer, pero también en cualquier hombre. Así nos lo hacen saber las actrices que comentan que, a pesar de ser una obra que narra, refleja y visibiliza situaciones que padecen las mujeres, debe ser vista también por hombres. “A mi me vino un señor a decirme que se emocionó al ver la obra porque se vio reflejado en algunos de los comportamientos que narramos y eso es también importante”, indica Goizalde Nuñez reflexiva.

Las cuatro paredes, que son una constante en la función, reflejan la casa de Bernarda Alba de la obra de Lorca. Esa casa/cárcel en la que se guardan todos los secretos y lo que no se puede ver de puertas para dentro. Así nos lo cuenta Pilar Matas, otra de las actrices. A lo que añade que “esto en verdad es lo que nos pasa a todas las mujeres que hemos sido educadas de esta manera. El ‘cállate’, el ‘que nadie se entere de lo que pasa’, ‘esto no se puede decir’, ‘esto no lo puedes pensar ni sentir’”. 

 

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“Exorcismo de nuestros miedos y dolores”

Al tratarse de una autoficción, las historias narradas -que estremecen a cualquiera- son historias reales. “El proceso ha sido de una indagación en nosotras mismas y poder verlo, analizarlo y reconocerlo ha sido un exorcismo maravilloso para el público y para nosotras”, añade Gemma Martínez. 

Para Sol Maguna la realización de esta obra se trata de “un regalo” porque el hecho de poder contar estas situaciones de “manera tranquila y reposada es un lujo y es el momento de contarlo al público”. 

La obra, que se genera en un ambiente únicamente femenino, muestra también cómo, en muchas ocasiones, somos nosotras mismas las que nos encarcelamos y las que no nos permitimos sentir.

La figura materna, el miedo y la educación 

En esa ausencia de sentimientos y deseos es donde entra a escena la figura de la madre. Ya que son las herederas de un sistema heteropatriarcal que las limita y las ha estado -y sigue- encarcelando. Y antes que ellas a las abuelas. Y así hasta los inicios. Por ello, el mensaje que transmiten con la interpretación de sus madres es que -debido a esta herencia- “no se trata de llevarse bien o mal con la figura materna sino que lo importante y a veces difícil, es cortar con estos cimientos que ellas, aunque no quieran y no sean conscientes, nos inculcan”. “No es normal que con 80 años que tiene mi madre y yo con 50, cada vez que me vea me siga diciendo que no entre nunca sola a un portal con nadie”, sentencia Martínez. 

Es en este punto de partida en donde el miedo es otro de los elementos clave en esta obra. Como lo es en la vida de cualquier mujer cuando oye unos pasos de alguien (casualmente hombre) que no conoce. Cuando es de noche y va sola por la calle y con las llaves en la mano. El miedo y la impotencia de que muchas de las agresiones sexuales se den dentro del ámbito familiar y que “parezca que por ser familia les debemos algo y ocultar o dejar pasar esta aberrante realidad”. 

Por esta razón, destacan que una obra de estas características es importante porque visibiliza, porque plantea situaciones que todavía siguen pasando y “el día que no haga falta recordar estas cosas, habremos ganado como sociedad”, dispone Martínez. 

“Dejar de poner el foco en la mujer”

Debido a estas situaciones, afirman, de forma paralela, la importancia de la educación: “Es con la educación en donde podremos hacer que se deje de poner el foco en la mujer y se hagan cambios en la estructura patriarcal en la que vivimos”, añade Sol Maguna. 

Y la obra acaba como empieza: con un grupo de amigas que después de haberse desahogado, de haber llorado, de haber sentido rabia por tener que vivir situaciones así, están juntas y ríen. Porque la vida sigue y porque muchas veces una quedada con amigas en la que ríes, lloras y te desahogas, salva vidas

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