Torrijas y repostería: la ruta imprescindible de Semana Santa en Madrid
Pastelerías, mercados y restaurantes participan en este recorrido gastronómico que pone en valor la tradición y la creatividad
Madrid vuelve a convertir su repostería en protagonista con la ruta ‘Dulces Pasiones de Semana Santa’, una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid que reúne a más de 180 establecimientos por toda la ciudad.
El objetivo es claro: impulsar el comercio de proximidad y poner en valor uno de los grandes símbolos gastronómicos de estas fechas, la torrija, junto a otras propuestas de repostería artesanal.
Un recorrido por toda la ciudad
La ruta se extiende por distintos barrios y distritos, integrando pastelerías tradicionales, obradores, restaurantes y puestos de mercados municipales.
En total, participan 104 establecimientos vinculados a ASEMPAS, 52 locales de ACYRE y 31 puestos repartidos en mercados como Antón Martín, La Cebada, La Paz o Vallehermoso.
El itinerario completo puede consultarse en la plataforma digital municipal ‘Todo está en Madrid’.
Tradición e innovación en cada bocado
Los visitantes podrán encontrar desde las recetas más clásicas —de leche, vino o miel— hasta versiones más innovadoras.
Entre ellas destacan torrijas de brioche, cacao, coco o elaboraciones caramelizadas, que reflejan la evolución de la repostería madrileña sin perder su esencia.
Apoyo al sector artesanal
La iniciativa forma parte de una estrategia municipal para reforzar el comercio tradicional y la gastronomía local.
Desde 2020, el Ayuntamiento ha destinado cerca de 480.000 euros en ayudas a asociaciones del sector. Entre ellas, ASEMPAS ha recibido más de 177.000 euros, mientras que ACYRE ha superado los 310.000 euros en subvenciones.
Además, se impulsa la formación con espacios como el centro ubicado en el Mercado de Puerta Bonita, destinado a preparar a nuevos profesionales.
La Semana Santa más dulce
La ruta ‘Dulces Pasiones’ se ha consolidado como uno de los planes imprescindibles de la Semana Santa madrileña, donde la tradición se mezcla con la innovación culinaria.
Más allá de lo religioso, la ciudad se transforma en una experiencia gastronómica que invita a recorrer sus calles a través del sabor y la identidad castiza.


