El cierre de Tipos Infames reabre el debate sobre la supervivencia de las librerías en Madrid

Gonzalo, dueño de 'Tipos Infames', ubicada en la madrileña calle de San Joaquín, prepara pedidos online en su librería. Imagen de EP.

El sector reclama apoyo frente a la especulación inmobiliaria y la pérdida de comercio de barrio

 

El cierre de la librería Tipos Infames ha vuelto a situar a las librerías madrileñas en el centro del debate sobre la gentrificación, la subida de los alquileres y la falta de políticas públicas que protejan al pequeño comercio cultural en la capital.

Libreros de establecimientos históricos como Pérgamo, Antonio Machado, Alberti o La Mistral coinciden en señalar que el principal problema no es la falta de lectores, sino la presión inmobiliaria que hace inviables muchos proyectos en el centro de Madrid.

“Si cae Tipos Infames, estamos más desprotegidos”

Pablo Cerezo, responsable de la librería Pérgamo, ha reconocido su sorpresa por el cierre de Tipos Infames, a la que define como un proyecto “referente” que revolucionó la forma de entender una librería, no solo como punto de venta, sino como espacio de dinamización cultural.

“Da la sensación de que si cae Tipos Infames estamos un poco más desprotegidos”, ha afirmado, al tiempo que ha advertido de que el principal enemigo del sector es “la vida urbana y la subida de los alquileres”, ya que los libros no son un producto especialmente rentable.

Cerezo ha reclamado políticas “ambiciosas sobre el suelo” y protección en el ámbito inmobiliario para evitar que el mercado expulse a este tipo de negocios históricos.

“Somos un bien preciado, pero muy delicado”

Desde la librería Antonio Machado, en la plaza de las Salesas, su propietario Aldo García ha señalado que el cierre de Tipos Infames se debe a un alquiler “insostenible”, pese a contar con una clientela fiel del barrio.

“Las librerías somos un bien preciado pero muy delicado”, ha explicado, comparando su situación con la de un equilibrista que puede caer “en cuanto nos hacen la zancadilla”.

García ha recordado que ellos mismos sufrieron una subida del alquiler del 100 % tras 52 años en un mismo local, lo que les obligó finalmente a comprar el inmueble para poder seguir abiertos.

El comercio de barrio frente a la especulación

La responsable de la librería Alberti, Lola Larumbe, ha puesto el foco en la necesidad de un apoyo firme al pequeño comercio y a la vida en los barrios.

“Estamos viendo cómo los locales comerciales se convierten en apartamentos turísticos”, ha denunciado, reclamando a las instituciones que protejan un tejido donde puedan convivir librerías, papelerías, panaderías y otros comercios independientes frente a la expansión de las grandes cadenas.

Para Larumbe, el cierre de una librería es “siempre una mala noticia” y una pérdida de espacios de humanidad, pensamiento libre y encuentro.

“Mantener las puertas abiertas sin temer el siguiente alquiler”

Desde La Mistral, en pleno centro de Madrid, su propietaria Andrea Stefanoni ha calificado el cierre de Tipos Infames como una “tristeza colectiva”.

“No solo vendían libros, sabían crear comunidad”, ha señalado, antes de reclamar tiempo y condiciones económicas que permitan “planificar, invertir y mantener las puertas abiertas sin temer cada mes el siguiente alquiler”.

Stefanoni ha pedido que las librerías sean reconocidas como espacios culturales, no solo como comercios, y ha reclamado incentivos reales para la compra de libros y una red de colaboración estable.

Un problema estructural

Desde la Asociación de Librerías de Madrid, su responsable de comunicación, María José de Acuña, ha advertido de que el problema de los alquileres es ya “estructural”.

Aunque las librerías siguen siendo el canal preferido de los lectores, la asociación reclama una mayor protección por parte de las administraciones para evitar que estos negocios sean expulsados de las ciudades.