Nueva-Vieja Pintura: exposición de pintura contemporánea en la Sala de Arte Joven
La exposición “Nueva-Vieja Pintura” llega a la Sala de Arte Joven como uno de los proyectos ganadores de la XVII edición de Se busca comisario, un programa que impulsa nuevos modelos de comisariado y facilita el acceso profesional a jóvenes comisarios. Podrá visitarse hasta el 19 de julio.
La muestra plantea una lectura experimental de la pintura contemporánea a partir de cuatro conceptos históricos —formalismo, historicismo, figuración y conceptualismo— que sirven como ejes para repensar su evolución sin ofrecer una narrativa cerrada ni definitiva.
Una genealogía incompleta de la pintura actual
La propuesta no busca construir una historia total de la pintura, sino ensayar una aproximación parcial y abierta a sus transformaciones recientes. A través de un enfoque casi historiográfico, la exposición sugiere múltiples capas de lectura sobre lo pictórico en el presente.
El proyecto se articula como un ejercicio en tiempo real, donde la idea de “nuevo” y “viejo” funciona como un binomio dinámico que desestabiliza la relación lineal con la historia del arte.
Cuatro ejes para pensar lo pictórico
La exposición se estructura en torno a cuatro grandes marcos conceptuales: formalismo, historicismo, figuración y conceptualismo. Estos ejes permiten organizar las obras sin imponer una narrativa única.
Cada uno de ellos actúa como herramienta crítica para revisar cómo la pintura ha sido interpretada y cómo sigue siendo un lenguaje activo dentro del arte contemporáneo.
Siete artistas y una mirada compartida sin consenso
La muestra reúne a Irene Anguita, Álvaro del Fresno, Andrés Izquierdo, Esther Gatón, Iris Sanmartín, Raúl Silva y María Tinaut, creadores que no responden a una única generación ni a un marco estético común.
Sus trabajos evidencian cómo los lenguajes históricos de la pintura siguen operando en el imaginario visual actual, aunque ya no puedan leerse desde los mismos códigos tradicionales.
Nuevo y viejo como método crítico
El binomio “nuevo-viejo” se plantea como una herramienta para cuestionar la linealidad del tiempo histórico. La exposición propone un espacio donde pasado y presente se superponen, generando lecturas simultáneas y no jerárquicas.
Esta metodología abre la puerta a una historiografía más flexible, capaz de asumir contradicciones y relatos múltiples sobre la pintura contemporánea.
