La Vaquilla vuelve a Colmenar Viejo con 26 vaquillas, una fiesta con tradición y folclore

Una tradición declarada de Interés Turístico Nacional

La fiesta de La Vaquilla de Colmenar Viejo, declarada de Interés Turístico Nacional desde 1986, volverá a llenar de color y tradición las calles de la localidad el próximo 31 de enero, con la participación de 26 vaquillas que recorrerán el municipio al son del chascar de las hondas y entre pañuelos multicolores.

El Ayuntamiento ha avanzado que el pregón correrá a cargo del vaquillero Jesús Vergara, de la Vaquilla Loquilla, que este año celebra su 25º aniversario, en un acto previsto para las 17.00 horas en el edificio del Consistorio.

Un desfile tradicional con 26 vaquillas

Las 26 vaquillas partirán alrededor de las 16.00 horas desde los puntos elegidos por cada grupo, para confluir sobre las 17.00 horas en la Plaza del Pueblo, epicentro de la celebración.

En este espacio se instalará una grada con 600 localidades para que vecinos y visitantes puedan disfrutar del ancestral baile de las vaquillas, una de las señas de identidad más reconocibles de esta fiesta popular.

Pregón y homenaje a la Vaquilla Loquilla

El pregón de esta edición estará protagonizado por Jesús Vergara, miembro de la Vaquilla Loquilla, que cumple 25 años de historia, en un guiño a una de las agrupaciones más queridas por los colmenareños.

Desde el Ayuntamiento han animado a la participación tanto de vecinos como de visitantes en una jornada que se ha consolidado como una de las fechas más señaladas del calendario festivo local.

El simbólico final de la celebración

Como es tradición, la jornada concluirá con la muerte simbólica de la Vaquilla Loquilla alrededor de las 20.00 horas en las inmediaciones del Pósito Municipal.

Tras este acto, se ofrecerá una degustación de rosquillas y sangría en el interior del edificio, poniendo el broche festivo a una jornada cargada de folclore y convivencia vecinal.

Una tradición con raíces medievales

Aunque no existen documentos escritos que lo certifiquen, todo apunta a que la celebración de La Vaquilla se remonta a la fundación estable de la villa, a mediados del siglo XIII.

La preparación de cada vaquilla es uno de los rituales más importantes: las familias se reúnen para vestir el armazón de madera con costillas y palos forrados, adornándolo con mantones de Manila, pañuelos de seda, flores naturales o de papel y joyas como broches, pendientes y colgantes.

Un recorrido lleno de simbolismo

Cada vaquilla sale de una vivienda o local y está formada por mayoral, vaquilleros y taleguero. Desde allí recorre distintas calles hasta llegar a la Plaza del Pueblo, donde exhibe su belleza y colorido con un particular baile que simula embestidas.

Tras la exhibición, cada vaquilla regresa a su punto de salida, donde se escenifica su muerte con tres tiros al aire y sangría, cerrando así el ciclo ritual de esta fiesta ancestral.