El Teatro del Barrio abre el lunes sus puertas a mayores en riesgo de soledad para presenciar la función de "¡Ay, Carmela!"

El Teatro del Barrio de Madrid abrirá este lunes, 15 de abril, sus puertas a personas mayores en riesgo o situación de soledad para presenciar la función de la versión del clásico de José Sanchís Sinisterra ‘¡Ay, Carmela!’ con la que Paula Iwasaki y Guillermo Serrano, dos de los fundadores de Caramba Teatro, llevan más de una década en gira y de forma habitual en este escenario.

En concreto, un grupo de participantes de la Fundación Grandes Amigos, invitado por el Teatro del Barrio, disfrutarán de la cultura en compañía de personas voluntarias de esta ONG que trabaja por el bienestar y los derechos de la población mayor, según informa la organización en un comunicado.

¡Ay, Carmela!’ cuenta la historia de Carmela y Paulino. Forman un elenco cómico que viaja por los pueblos con el lema ‘Variedades a lo fino’ y que se verá forzado a improvisar una velada teatral para el Ejército Nacional.

Cómo mantener la dignidad, cómo soportar el horror y la cotidianeidad en plena contienda son ejes sobre los que pivota esta obra en la que confluyen arte, política, personas del teatro que sobrellevan la adversidad, decisiones y consecuencias.

Soledad, miedo e injusticia

Con humor y emoción, la obra transita la soledad, el miedo, la injusticia. En su forma y su narración, la obra juega con rupturas temporales que trasladan al espectador del pasado al presente para llevarle, otra vez, de vuelta al pasado.

Aunque el próximo 15 de abril la función será la habitual, entre el público habrá una representación de la Fundación Grandes Amigos, personas mayores en riesgo o situación de soledad que, invitadas de forma solidaria por el Teatro del Barrio, disfrutarán de esta cita cultural junto con personas voluntarias de esta ONG, dedicada desde hace más de 20 años a evitar los efectos de la soledad en la salud de la población mayor y a defender sus derechos.

Para ello, Grandes Amigos trabaja en diferentes frentes, como la creación de vínculos afectivos y de amistad con voluntariado y redes vecinales; programas de acompañamiento afectivo y socialización; trabajo comunitario para detectar y prevenir la soledad; sensibilización sobre la soledad y el edadismo (discriminación por edad); formación, y generación y divulgación de conocimiento mediante estudios propios y externos.